El acceso a Internet y la constante expansión de las redes sociales han fomentado la aparición de nuevos términos que hacen referencia a prácticas y delitos como el robo de información bancaria o el acoso sexual que afectan desde a niños hasta a adultos.
Estos son algunos de los más frecuentes.
Grooming: El fácil acceso a internet de la mayoría de los menores ha generado un nuevo tipo de delito, el ciberacoso o grooming. Los pederastas (o incluso también otros jóvenes) intentan acercarse a los menores para ganar su confianza y obtener información. Con estos datos pueden amenazarles con su difusión si no acceden a sus peticiones, que normalmente pasan por prácticas sexuales a través de la webcam.

Sexting: Este término se empleaba para definir la conducta de los adolescentes americanos que se fotografiaban con el celular en poses eróticas y las enviaban a otros jóvenes. Actualmente “sexting” también se emplea para referirse a la difusión por internet de este tipo de fotografías subidas de tono sin consentimiento de su propietario. La facilidad de acceder a datos privados y fotos de otros usuarios ha impulsado este tipo de práctica sobre todo entre los más jóvenes.


Hoax: La posibilidad de difundir un bulo (noticia falsa) en cuestión de segundos es una realidad en la red de redes. En Internet se emplea el término “hoax” para la difusión de mensajes con contenido falso y atrayente. Puede tratarse de un email que alerta sobre virus incurables, cadenas de solidaridad o de la suerte, métodos para hacerse millonario, promesas de regalos de grandes compañías o incluso mensajes personales en las redes sociales provinientes de amigos.


Phising: Es uno de los delitos más corrientes en la red y que más riesgos conlleva. El internauta recibe un email que aparentemente proviene de una fuente fiable. Normalmente, suele ser un correo electrónico que proviene de un banco y que mediante un link lleva al internauta a una web que tiene exactamente la misma apariencia que el portal de la entidad a la que imita, por lo que el usuario no dudará en introducir sus datos. Desde ese momento, el estafador cuenta con los datos bancarios del usuario y la posibilidad de utilizarlos a su antojo. Además de pérdidas económicas, es posible que el usuario pierda el acceso a sus propias cuentas. Comprobar que la web en la que se encuentra no tiene la dirección ‘https://’(con una s) o que no aparece un candado en la parte inferior derecha de la web, son algunos trucos que pueden alertarle de si se encuentra en una web segura. Además, las entidades bancarias no solicitan información confidencial a través de canales no seguros, como el correo electrónico.


Pharming: Es una modalidad del phising más difícil de detectar y aún más peligrosa. Esta técnica consiste en modificar el sistema de resolución de nombres de dominio (DNS) para conducir al usuario a una página web falsa. Según alerta Panda Security, existen ejemplares de malware que aunque el usuario introduzca en el navegador el nombre de una página web legítima, redirigen el nombre de dominio a una página web, en apariencia idéntica, pero que en realidad ha sido creada por el atacante para obtener los datos privados del usuario. A diferencia del phisinfg, el pharming permanece en la computadora  del usuario, a la espera de que este acceda a su servicio bancario.


Smishing o Vishing. Si la vía para realizar el ataque de phising es el mensaje de texto, hablamos de smishing. Por su parte, en el vishing el usuario recibe una llamada telefónica que simula proceder de una entidad bancaria solicitándole que verifique una serie de datos.

Tomado de www.expansion.com